29/11/09

Plastilinas de colores nacionalistas.

El viejo reloj de pared que trajeron de aquel viaje a Marruecos señala las tres en punto, y acto seguido, como cada día se escucha el ruidoso ascensor dejando al cabeza de familia en la puerta de casa. No es un buen momento para llegar de trabajar, Blig, nerviosa, es toda adrenalina porque esta vez tan sólo sacó un notable en el examen de ciencias y teme defraudar a su padre. Mientras Blag ayuda a su madre a poner la mesa, Blog juega con Blug en la mesa del salón a hacer figuritas con las plastilinas que les dieron en el cole.

El padre abre la puerta, por sus comentarios parece alterado y especialmente enojado; va comentando con infinidad de aspavientos lo cansado que está de las derramas de la comunidad, de como el vecino del quinto H lleva tres meses sin pagar las mensualidades, y que a esto se le suma que el perrito de la viuda del tercero D ha vuelto a marcar el territorio junto a los buzones del portal. Una vez más desea en voz alta vender aquel piso y vivir en una casa, sin vecinos comunes y lejos de esta gente cada cual de su padre y de su madre.

Blag está seria, se le ve pensativa hace días, a tomado una decisión, quiere independizarse, curioso cuando menos al superar con creces la treintena, pero han pasado muchos años desde que quiso marcharse de casa a los diecisiete a base de rebeldía, confrontaciones con sus padres a modo de broncas, voces, amenazas y desdenes. Han pasado muchos años y lo que anteriormente evitó la emancipación la tutoría al ser menor de edad, durante su siguiente tramo de vida lo había evitado un trabajo inestable, una deficiente capacidad de ahorro y una relativa inseguridad de valerse por si misma.

Blog seguía a lo suyo, Blug hacía una figurita dispar y este jugaba a imitarla, con mucho cuidado manejaba los colores, pues sabía que no debía mezclarlas, al día siguiente tendría manualidades en la clase de la señorita palomo (la llamaban así por su voluptuoso cuerpo asentado en dos delgaduchas piernas) y sus instrucciones eran claras, debían llevar las plastilinas roja, azul, amarilla, verde y blanca; harían un campamento indio.

En el telediario de las tres suenan los titulares, y aunque Blog no prestaba la mas mínima atención, hablaban algo indescifrable sobre nacionalismos, estatutos, independencias, reivindicaciones y otras tonterías que para aquellos señores con corbatas no parecían serlo tanto. Bastaron dos minutos de elucubraciones para que Blog, volviendo su mirada hacia su hermana, se diera cuenta que esta estaba haciendo una pelota con las plastilinas, por una parte tan mezclada que habían formado un nuevo color oscuro y feo, y por otras partes, a pesar que se distinguían aún los colores eran imposible separarlos por completo, siempre quedaban trozos adheridos, siempre una mezcla inexorablemente heterogenea, y siempre, al separar un color, quedaban trozos de otros colores.

19/11/09

La familia de Blog

Blog es el cuarto de cinco hermanos:

Blag, que a sus treinta y cinco años es toda una solterona ante los ojos de los vecinos, hija de padre a la fuga, fruto de una amor quinceañero de Verano, de esos que duran lo que dura dura, efímero y por suerte o desgracia, acreedor de madurez y deudor de potitos. Incomprendida, alternativa, liberal,... aunque poco o nada conoce el significado de estos conceptos que ella se autoaplica.

Bleg, díscolo treintañero, alegre, atractivo don Juan que vive para y por la fiesta, el deporte y las chicas monas. Es el ídolo de nuestro Blog, en el que ve reflejado suerños de éxitos futuros y pesadillas de sus primeros complejos infantiles. Bleg fué la necesidad de un pacto de amor de por vida, su madre, la adolescente soltera, se vió obligada a enamorarse rápido para acallar las malas lenguas del pueblo, aunque esto y las posibilidades de la gran ciudad le hicieran emigrar con toda la familia a cuestas, como un caracol, pero sin reconocer haber llorado tanto que realmente se fué arrastrada y arrastrándose.

Blig, en plena edad del pavo, adolescente con una capacidad de raciocinio contrapuesta a sus pataleos cuando su mamá le estropeaba una camiseta con la plancha, o a la frustración de ese tal acné inoportuno que la visitava cada vez que se pretendía poner especialmente guapa. Nació tras un respiro de diez años al trabajo de Sol a Sol de sus padres, de levantar la casa y el nuevo proyecto de una joven pareja con dos niños por criar.

BLOG, al que ya iremos conociendo, al que entre todos crearemos y desde el que a través de sus ojos de un niño de diez años veremos la vida, la realidad o la opinión sesgada del abajo firmante.

Blug, con cinco añitos, llegó sin llamar, con el beneplácito del resto de la familia, pero con la recomendación contraria de los galenos, cerraba la irrealidad de una familia desigual, y por su simpatía, ternura, e indefensión, tenía bien merecida la atención de sus cuatro hermanos, y de sus papás a los que a veces inocentemente llamó abuelos, cosas de niños.